Las primeras décadas del siglo XXI han atravesado un cúmulo de crisis que imposibilitaron poder apreciarlas de manera aislada. La crisis climática, las migraciones forzadas, la persistencia y reconfiguración de los conflictos armados, la erosión del sentido de lo común, el agotamiento de los recursos del planeta y una creciente crisis de salud mental componen un mismo campo de tensiones, donde el humano y lo no humano se encuentran simultáneamente en riesgo y en transformación.

Es en este territorio inestable donde el FITEI (Festival Internacional de Teatro e de Expressão Ibérica) ha establecido su pensamiento y sus prácticas en las últimas ediciones. Pero más que reflejar el mundo, el festival intenta crear las condiciones para cuestionar, reuniendo a artistas y públicos para un ejercicio colectivo de atención, escucha e imaginación crítica.

Las señales de alerta son varias e insistentes. Pero es precisamente en este punto de saturación donde emerge también la posibilidad de cambio. Entre el reconocimiento del colapso y la insistencia en la esperanza se dibuja un espacio de fricción donde la creación artística puede operar: no como repuesta, sino como pregunta; no como solución, sino como apertura.

El binomio Colapso y Esperanza, que inspira esta 49.ª edición, no se presenta como opción estable, sino como campo de fuerzas en permanente negociación. Si, por un lado, se vuelve imposible ignorar los procesos de degradación y ruptura que marcan el presente, por otro, es en la persistencia de prácticas, gestos e imaginarios donde se restablece la posibilidad de futuro.

La programación de este año se establece en ese movimiento. Las coproducciones y creaciones presentadas que se sumergen en cuestiones urgentes: de la inmigración al trabajo, de la vivienda a los recuerdos de la lucha, de las formas de organización colectiva a las violencias históricas y contemporáneas; sin fijar nunca una única lectura. Al contrario, proponen dispositivos que desestabilizan, descolocan y reconfiguran la postura, llamando al espectador para que tenga una posición activa.

En paralelo, las residencias artísticas y técnicas ratifican el festival como espacio de tiempo expandido, donde el proceso gana centralidad y donde la creación también se realiza en el encuentro, en la participación y en la experimentación. En ese intervalo, entre lo que ya se sabe y lo que aún se busca, es donde se construyen las nuevas posibilidades de pensar y llevar a cabo.

La dimensión territorial del festival, que se extiende por diferentes ciudades, refuerza su vocación de proximidad y relación. Pero a esa geografía también la atraviesa otra, más difusa y porosa: la de las redes artísticas internacionales, de las colaboraciones transnacionales y de las presencias digitales, que amplían el alcance y la relevancia del FITEI.

En este contexto, el compromiso con la accesibilidad (física, intelectual y sensible) y con la mediación asume un lugar central. No como complemento, sino como parte integrante de la propia experiencia artística. Crear condiciones para que más personas puedan acceder, participar y establecerse en este espacio es también una forma de resistencia a la fragmentación y de reconstrucción de lo común.

En un tiempo donde tantas narrativas apuntan al agotamiento, el FITEI insiste en la creación como práctica de resistencia y de reinvención. Entre el colapso y la esperanza, se abre un espacio frágil, inestable, pero profundamente necesario, donde aún es posible imaginar, en conjunto, otras formas de estar y de hacer mundo.

Gonçalo Amorim, Director Artístico del FITEI